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LA REDEFINICION o como cambiar sin que cambie nada.
Por Admin (del 26/05/2010 @ 18:26:33, en Varios, leer 5816 veces)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Érase una vez unos cuantos patitos feos que en su corral democrático no les hacían mucho caso por más que gritaran reivindicando sus derechos. El caso es que cada año que pasaba iban quedándose más famélicos y, por consiguiente, más feos. Hasta que un día su padre, un campesino manchego, y sus primos de la capital, sobre todo estos últimos, hartos de que los patitos feos estuviesen cada vez más famélicos tuvieron una brillante idea.

Intentaron juntar a otros patitos en el mismo corral donde pateaban sus hijos, los patios feos porque así era posible que los humanos les sirvieran más condimentos alimentarios. Todos los patitos feos, aunque cada uno luchaba por su supervivencia, llegaron a un acuerdo debido a que la comida cada vez escaseaba más. Coincidieron en repartir equitativamente la poca comida que les llegaba al corral, independientemente de la fuerza de cada pato individual –cosa inusual en el mundo animal en el que impera la ley del más fuerte-. Y así pasó un tiempo en el cual todos cumplían su compromiso adquirido los meses anteriores de no avasallar al más débil.

Pero hete aquí que ante la inminente llegada de una hipotética nueva hornada de patitos que se iban a incorporar al corral los viejos del lugar llegaron a un acuerdo. Todos menos uno firmaron mantener la alianza que habían aprobado hacía meses y así hacer un frente común de cara a lo que en teoría se les avecinaba. Y ese acuerdo lo sellaron un mes antes de que las hordas extranjeras pudieran incorporarse al corral. Porque, en definitiva, -se decían todos los patitos feos- había que conservar las esencias y de las masas que vendrían de otros corrales no sabían si eran de pata negra y asumirían el acuerdo al que habían llegado los de sangre roja, roja, roja. Los más viejos del lugar les impusieron una serie de condiciones previas a las nuevas generaciones que estas no aceptaron.

Y así la inmensa mayoría de los nuevos patitos que quisieron incorporarse al corral desecharon la iniciativa porque estaba viciada de principio y sólo era una estrategia coyuntural para alimentar a sus futuros polluelos, porque algunos, por viejos, acabaron muriendo de inanición y otros tuvieron mejor suerte y con gran astucia saltaron la valla del corral y empezaron a vivir su nueva vida sin ataduras y a campo libre donde no había tantas restricciones alimenticias y tampoco estaban a expensas de sus progenitores, los humanos. Y allí se quedaron los de siempre, los pata negra, los “si buana”, los burócratas, los “sintecho profesional”, todos aquellos que nunca habían opinado sobre los acuerdos firmados porque, en definitiva lo que les interesaba es que les cayeran todos los meses unas migajas que comer después del pacto de los primeros habitantes del corral y, al fin y al cabo, a ellos no les interesaba la política sino que vivían de ella y no les importaba que les llamaran tontos útiles, brazos de madera, etc. porque siempre se suman a la masa impensante que para eso ya están otros que deciden por ellos.

Que cada cual saque sus propias conclusiones, que para eso es la fábula del patito feo.